La expansión acelerada de la inteligencia artificial tiene un costo poco visible: el agua. A medida que crecen los centros de datos que sostienen servicios digitales y modelos de IA, también aumenta la presión sobre los recursos hídricos, incluso en regiones afectadas por sequías prolongadas.
Microsoft reconoce que su consumo de agua seguirá al alza en los próximos años, impulsado por la demanda de cómputo y la necesidad de enfriar servidores. Aunque la empresa prometió convertirse en “positiva en agua” para 2030, sus propias estimaciones muestran que ese objetivo enfrenta obstáculos importantes. El consumo proyectado supera ampliamente los niveles de hace apenas una década.
Gran parte del problema se concentra en zonas con estrés hídrico. En estados del suroeste de Estados Unidos y en países como Chile o Indonesia, comunidades locales han expresado preocupación por el impacto de estos complejos tecnológicos en el acceso al agua potable. En algunos casos, proyectos se han retrasado o cancelado por la oposición social y las limitaciones de infraestructura. México no es la excepción, el año pasado se anunciaron inversiones millonaria en Querétaro: CloudHQ y Amazon Web Services anunciaron inversiones de alrededor 5,000 millones de dólares que fueron reportadas con entusiasmo, mientras ambientalistas reportaban la posible afectación a las comunidades, afectadas por sequías.
En Estados Unidos, Microsoft sostiene que trabaja con autoridades para reducir la presión sobre las redes públicas, reutilizar agua y mejorar la eficiencia de enfriamiento. También afirma que parte de su huella hídrica no se refleja del todo en las cifras públicas, ya que una porción del consumo proviene indirectamente de la generación eléctrica que alimenta los centros de datos.
El desafío va más allá de una sola empresa. El auge de la IA está transformando a las grandes tecnológicas en actores industriales intensivos en recursos. Aunque los centros de datos representan una fracción pequeña del consumo total de agua, su concentración geográfica amplifica el impacto local. Nuevo Léon, sabe de eso. Después de atravesar la peor sequía, hace apenas tres años, también anunció la creación de un Hub de datos en el estado.
La discusión, ya no es solo tecnológica. Involucra planeación urbana, transparencia corporativa y decisiones sobre dónde y cómo se despliega la infraestructura digital. En la carrera por liderar la inteligencia artificial, el acceso al agua se perfila como un límite físico que nadie puede ignorar. ¿Estarán preparando una estrategia en el Gobierno Federal o será un tema que deleguen en los Estados?
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